Por si no lo digo de la forma correcta,
si acaso todavía mis palabras y mis hechos no conectan.
Y si no pude pedir que el placer de escribir
a tu personalidad se pudiese adherir...
No lo leas.
Pero si encajo de forma perfecta
y en una grieta emulo un pedazo de cometa,
abriendo en el vacío de este desierto distante una tienda,
donde con mi guitarra imaginaria
recito versos que te atiendan,
entonces léelo en el instante.
Porque... ¿versos? Bastantes.
Pero... ¿besos? Faltantes.
Te los debo por lo distante,
pero mientras, oh vida mía,
linda y sufrida,
escribidle una enamorada y alocada poesía brillante.
A sus ojos de luz, luz llevadle.
A sus pupilas simétricas,
figuritas dibujadle;
no pocas, sino muchas,
que sean felices y reluzcan,
pero que no la reduzcan,
porque así como es,
así es como me gusta.
Así con esos ojos,
así cuando lo levanta como vela en altamar,
así es como me gustan,
así es como me buscan
y así deducen
la frialdad y ternura
de un hombre que yacía sin luces.
Amor mío, el cabello largo o corto,
de cualquier tipo te luce.
Eres linda si ríes
o si el ceño frunces.
¿Cursi, no? Pero te guste o no,
en mí has abierto un bucle de amor
que desalojó el rencor.
Escribirte a ti es llegar alto,
como subir al Cristo Redentor.
Tus ojos fueron el instructor,
me enamoré de uno de ellos...
No, digo uno… digo dos.
Tus dos ojos bellos;
pan de Dios,
talismán de barro
que me poseyó.
Tal vez como las estrellas,
o ¿qué sé yo?
Lejanos como ellas,
pero si es por ti,
las galaxias son veredas.
Yo zarparía al océano
si al otro lado
son tus dos ojos
la isla perdida
que me espera.
Tu voz es perfecta,
y las ondulaciones de tu cabello
son tan simétricas.
Pero son tus ojos
los que te hacen ver coqueta,
y tu boquita esbelta
el deseo en mí fomenta.
Pero para dar una descripción completa,
no me alcanzaría la libreta.
El alfabeto se queda corto,
y por ello los poetas en vela
se lamentan.
Las horas pasan lentas,
y mi amor por vos no cambia...
Solo incrementa.
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