El desmán en mi alma,
la suciedad en mis sábanas,
los puntos negros en mi cara,
las ojeras en mis párpados, la vigilia ha declarado.
Mi alma está triste hasta la muerte,
vano es el cariño,
vano el deseo de desear volver a ser niño.
En esta habitación gris no hay alivio,
me he habituado al desorden y, de alguna forma,
he logrado conseguir… salir… de aquí…
Y siempre hay una ventana por donde mirar,
las opacas y amarillentas luces de la ciudad de noche
o, de día, observar un ave cualquiera,
buscar y no encontrar dónde su nido situar.
Me he preparado con agua y pan seco.
Para recibir el golpe de Dios,
lo haré en silencio y en desvelo.
¿Es la ira de quién? Yo escucharé a Mozart: Réquiem.
¿Por qué?, ¿quién se quedará a rogar con él?
Padre, si quieres, pasa de mí esta copa amarga,
son placeres del desconsuelo y la desesperanza
que me llevan hasta el suelo.
Cristos que a medianoche
se ponen de cabeza para honrar a un imbécil,
triste e hipócrita San Pedro.
@kmlobooks
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